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    Colchones y toppers antiescaras: descanso que también protege la piel

    Cuando alguien pasa muchas horas en cama, la piel no se lastima por falta de cuidado: se lastima por presión sostenida. En sacro, talones y caderas, el peso del cuerpo corta el flujo de sangre y el tejido empieza a sufrir mucho antes de que se vea algo en la superficie.

    Un colchón antiescaras trabaja sobre esa causa. Los de espuma de alta densidad y memory foam —como la línea TheraFoam— distribuyen la carga para que ningún punto reciba todo el peso. Los de gel suman disipación térmica, porque el calor y la humedad aceleran el daño.

    Y si el colchón de casa todavía está en buen estado, un topper antiescaras aporta esa capa terapéutica sin reemplazar nada. Prevenir cuesta mucho menos que curar.